Desde el proceso de descentralización del Aeropuerto Arturo Michelena de Valencia, un logro para el Ejecutivo Regional que en aquel entonces lideraba Henrique Salas Romer, la gestión en el terminal aéro de Valencia mostró importantes avances y una mayor y mejor gestión que permitía reconocerle como uno de los más importantes de Valencia.
Utilizado muchas veces en casos de contingencia - como en diciembre de 1999, con la tragedia de Vargas -, el "Arturo Michelena" demostró ser uno de los más capaces para administrar pasajeros que día a día viajan al interior y exterior del país.
Tal y como acosutmbra a hacerlo, el presidente Chávez, en su programa aló presidente no dudó en dar una de las noticias que generaría mayor tensión y movimiento a principios de 2009, la recentralización de puertos y aeropuertos, dejando abierta la posibilidad de retroceso considerable en torno a las gestiones e independencia de los estados.
María Cristina Romero de Grimaldi, presidenta del Instituto Autónomo de Aeropuertos del Estado Carabobo (Iaaec, en repetidas ocasiones mostró su disposición de cumplir con estas leyes pero bajo protesta. En diversas oportunidades desde el lunes 23 se reunió con el nuevo directivo de la comisión de enlace - Kerwin Cárdenas - quién de forma arbitraria se pretendió instalar en la oficina presidencial desde el primer día.
Constantemente Romero de Grimaldi vio la medida como un atropello, aunque rigurosa de salir con su rostro en alto, nunca lo declaró oficialmente a la prensa. En su rostro se lograba ver la decepción de un país que comienza a ser cada vez más rojo e ineficiente, abusivo y castrocomunista.
La directiva no se quedó atrás y en rechazo a la medida y solidaridad con el pueblo carabobeño - más que compromiso con el gobernador Salas Feo - colocaron su renuncia. "Lo preferimos así antes que nos destituyan" comentaron algunos de ellos, quienes ahora están enfocados en darle seguimiento a esa terminal que durante meses fue su puesto de trabajo, al que no se les permitió adaptarse plenamente para dar lo mejor de sí en una gestión que ya lucía bastante prometedora.
Carpetas en mano, lagrimas en los ojos y la dignidad en un corazón solidario con sus trabajadores, el grupo de directivos salió junto a María Cristina Romero de Grimaldi - una docente luchadora y directora de una reconocida institución educativa -, y entre abrazos y palmadas se decían entre sí, "volveremos".
Tal y como hace 4 años, tal y como a quién le arrebatan una vivienda, tal y como a quién la arrebatan una parte de sí, confiados, uno a uno abordaron sus vehículos y se fueron en lo que se convirtió en la última jornada laboral; en mediod e injusticias y atropellos, en medio de un trato peor que a los perros.
El asombro no salía de sus rostros cuando escucharon las órdenes del nuevo directivo - vestido de ese mismo rojo ineficiente -, quién le indicaba a los militares que ahora usurpan el peusto de secretarias de la recepción y que se aseguran de mantener alejada a la prensa - por temor a no se qué -, que no podían volver a ingresar a la terminal aerea.
Ahora sólo tienen fé en Dios y en el Tribunal Supremo de Justicia - pese a las barbaries cometidas y la parcialización hacia el gobierno - pues en los próximos días interpondrán un recurso de nulidad de la recentralización, pues en sus conciencias sigue vigente que este atropello no puede quedar impune.
Fue luego de cuatro días de presión, sin comer, estando doce horas en una oficina, cuando finalmente Romero de Grimaldi este jueves a las 10:00 de la noche entregó oficialmente la presidencia y las direcciones del aeropuerto en compañía de dos abogados dejando claro en el documento que se trata de "el abandono de las instalaciones por la presión militar".
Su indignación la llevó a apagar su teléfono y por eso contactarla es difícil, este viernes seguro descargará a través de denuncias concretas la molestia por este nuevo abuso que comienza a convertirse en un día a día para los venezolanos.
jueves, 26 de marzo de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
Cuando los analistas internacionales disertan sobre la situación política de Cuba, casi todos coinciden en que se ha tratado de un pueblo que hace 50 años no tenía acceso a información a nivel internacional y no podía diferenciar claramente sobre las intenciones de un gobernante al asumir la jefatura del Estado a partir del populismo.
Esta ha sido quizás una de las esperanzas con las que cuentan los detractores venezolanos del gobierno de Hugo Chávez que recientemente cumplió el 20% del período que llevaba Fidel Castro en la Isla del Caribe y que ahora tiene en las riendas a su hermano Raúl. Para muchos se hace insostenible pensar que un pueblo en pleno siglo XXI permita dejarse dominar por un régimen tal y como lo hicieron los cubanos en aquellos tiempos donde fue derrocada la dictadura de Fulgencio Baptista y que posteriormente fue reemplazada por otra similar o peor.
De esta manera Cuba se ha podido consolidar como un Estado soberano, la injerencia extranjera se ha limitado a la de gobernantes amigos que usualmente buscan un beneficio en común a través del intercambio - no siempre de riquezas -.
La coacción ha sido una determinante en el poder liderado ahora por Raul Castro, y es que lejos de buscar beneficios para la colectividad y permitir la libertad de pensamiento y decisión, se cohartan los derechos más fundamentales que inhiben a sus habitantes de ostentar una vida similar a la de alguien en democracia, que usualmente se permite trabajar para obtener lo que desea.
Esta coacción, aunque en cierta medida, no ha podido calar en el pueblo venezolano salvo por las represiones a quienes representan a los adversos al gobierno de Chávez y que erróneamente han sido medios de comunicación, que lejos de informar, educar y entretener, comienzan a ser parte de bancadas políticas que en nada ayudan a la consolidación de una nación.
"Cada pueblo tiene lo que se merece" es una frase común que se ha escuchado casi al unísono durante unas 8 elecciones desarrolladas a lo largo de los 10 años del mandato socialista en Venezuela. El ansia de poder, que llevó en su oportunidad a Franklin Roosvelt, ocupar la silla de la Casa Blanca durante cuatro oportunidades, actualmente ha obligado al Ejecutivo venezolano a realizar maniobras ante la Constitución de la República para permanecer allí y continuar liderizando una revolución que a 10 años de su inicio, no ha dejado resultados plenamente positivos y solo ha logrado crear división en la patria.
La concentración de cinco poderes que deberían ser independientes el uno del otro, comienza a crear dudas en naciones vecinas que dejan de ver a nuestro país como un demócrata más, y por ende, en parte por ello, la iniciativa de una oposición que electoralmente luce dura pero en la práctica está desgastada, que insiste en terminar con el proceso que inició el pasado 4 de febrero de 1992 donde Chávez saltó de un trampolín soportado en un golpe de estado.
Pretender gobernar a 27 millones de personas en medio de un excesivo abuso de poder evidenciado en la poca transparencia de la justicia, procesos electorales y derechos democráticos, y que exista una mayoría que respalde estas acciones, comienza a cambiar toda una estructura de Estado - Poder y Gobierno que sin duda fue consolidada desde los tiempos de libertad y deteriorada en una década.
Los valores de cada venezolano son parte de un sentimiento que al unísono debe respaldar o rechazar cualquier tipo de proyecto o intención de mejorar o desmejorar el espíritu democrático de una nación. Al final, solo cada venezolano escoge si realmente es válido que con la legitimación de un poder a través de sufragios electorales, se debe ser permisivo ante la coacción de un mandatario que comienza a ser punto de referencia para el mundo por la experiencia impecable que ha demostrado tener en el manejo de un país que no termina de irse a pique, pero que tampoco termina de salir a flote.
Esta ha sido quizás una de las esperanzas con las que cuentan los detractores venezolanos del gobierno de Hugo Chávez que recientemente cumplió el 20% del período que llevaba Fidel Castro en la Isla del Caribe y que ahora tiene en las riendas a su hermano Raúl. Para muchos se hace insostenible pensar que un pueblo en pleno siglo XXI permita dejarse dominar por un régimen tal y como lo hicieron los cubanos en aquellos tiempos donde fue derrocada la dictadura de Fulgencio Baptista y que posteriormente fue reemplazada por otra similar o peor.
De esta manera Cuba se ha podido consolidar como un Estado soberano, la injerencia extranjera se ha limitado a la de gobernantes amigos que usualmente buscan un beneficio en común a través del intercambio - no siempre de riquezas -.
La coacción ha sido una determinante en el poder liderado ahora por Raul Castro, y es que lejos de buscar beneficios para la colectividad y permitir la libertad de pensamiento y decisión, se cohartan los derechos más fundamentales que inhiben a sus habitantes de ostentar una vida similar a la de alguien en democracia, que usualmente se permite trabajar para obtener lo que desea.
Esta coacción, aunque en cierta medida, no ha podido calar en el pueblo venezolano salvo por las represiones a quienes representan a los adversos al gobierno de Chávez y que erróneamente han sido medios de comunicación, que lejos de informar, educar y entretener, comienzan a ser parte de bancadas políticas que en nada ayudan a la consolidación de una nación.
"Cada pueblo tiene lo que se merece" es una frase común que se ha escuchado casi al unísono durante unas 8 elecciones desarrolladas a lo largo de los 10 años del mandato socialista en Venezuela. El ansia de poder, que llevó en su oportunidad a Franklin Roosvelt, ocupar la silla de la Casa Blanca durante cuatro oportunidades, actualmente ha obligado al Ejecutivo venezolano a realizar maniobras ante la Constitución de la República para permanecer allí y continuar liderizando una revolución que a 10 años de su inicio, no ha dejado resultados plenamente positivos y solo ha logrado crear división en la patria.
La concentración de cinco poderes que deberían ser independientes el uno del otro, comienza a crear dudas en naciones vecinas que dejan de ver a nuestro país como un demócrata más, y por ende, en parte por ello, la iniciativa de una oposición que electoralmente luce dura pero en la práctica está desgastada, que insiste en terminar con el proceso que inició el pasado 4 de febrero de 1992 donde Chávez saltó de un trampolín soportado en un golpe de estado.
Pretender gobernar a 27 millones de personas en medio de un excesivo abuso de poder evidenciado en la poca transparencia de la justicia, procesos electorales y derechos democráticos, y que exista una mayoría que respalde estas acciones, comienza a cambiar toda una estructura de Estado - Poder y Gobierno que sin duda fue consolidada desde los tiempos de libertad y deteriorada en una década.
Los valores de cada venezolano son parte de un sentimiento que al unísono debe respaldar o rechazar cualquier tipo de proyecto o intención de mejorar o desmejorar el espíritu democrático de una nación. Al final, solo cada venezolano escoge si realmente es válido que con la legitimación de un poder a través de sufragios electorales, se debe ser permisivo ante la coacción de un mandatario que comienza a ser punto de referencia para el mundo por la experiencia impecable que ha demostrado tener en el manejo de un país que no termina de irse a pique, pero que tampoco termina de salir a flote.
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