jueves, 11 de junio de 2009

De periodista a Presidente - Crónica de la toma de posesión de Mauricio Funes en El Salvador


La madrugada del 1 de junio Mauricio Funes probablemente no pudo dormir. Amanecería y en cuestión de horas dejaría de ser periodista en ejercicio para ocupar el cargo de presidente de El Salvador, el país densamente poblacional más pequeño de Lationamérica.
Ese día amanecieron otros 13 muertos. Es normal que suceda a diario en la nación donde las pandillas abarrotan las calles, y quienes la abandonan son numerosos salvadoreños trabajadores que prefieren emigrar en busca de "un sueño", americano o no.
Con el transcurso de la mañana y justificándose en lo complicado de los procesos de transición entre gobiernos de derecha e izquierda, Funes escogió a sus nuevos 13 ministros y 6 secretarios. Uno de los cargos lo ocupa su esposa y ahora primera dama, la brasileña Wanda Pignato.
Alzó su mano derecha ante el presidente de la Asamblea Legislativa, el mismo brazo donde llevaba puesto un reloj que marcaba las 2:30 de la tarde. "Si lo juro" dijo en voz alta y seguido de aplausos de sus seguidores del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional(FLMN). Entre ellos contaban antiguos guerrilleros que por dos décadas anhelaron el implementar un gobierno socialista en un país regido por derechistas. Mauricio Funes se convirtió en ese momento en el primer Presidente de izquierda después de 20 años de gobierno del partido Arena, en El Salvador.
Pero entre los invitados también contaban unos 15 mandatarios de países vecinos, muchos de ellos socialistas, el nuevo estilo que adopta el continente, salvo personalidades como los Príncipes de Asturias Felipe y Letizia de Borbón y la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton.
EL gran ausente fue uno solo, cuya llegada fue esperada por horas en el aeropuerto de Comalapa: el venezolano Hugo Chávez. Un nuevo atentado contra su vida sería la supuesta causa. "Planeaban disparar contra el avión de cubana de aviación en el que llegaría a ese país", denunció el primer mandatario nacional.
No hizo falta. Envió al canciller Nicolás Maduro quien en su nombre escuchó el largo discurso en medio de un sofocante calor que obligó incluso a Clinton a dejar el formalismo de lado y ventilarse con un abanico.
"Pueblo de mi patria, es un inmenso honor para mi recibir esta banda presidencial. Lo hago con humildad, con conciencia de las responsabilidades que entraña y de los compromisos que debo cumplir", fueron sus primeras palabras.
Los puntos más impactantes en su texto lo marcaron el restablecimiento de las relaciones con la Isla de Cuba y la continuidad de relaciones con Estados Unidos a través del Tratado de Libre Comercio.
Sin hacer demasiado énfasis, criticó suavemente la gestión recibida por el ex presidente Antonio Saca, quien tampoco asistió al acto. Por ello, pretende reescribir la historia del país, "reinventarlo", promesas aplaudidas por sus atentos seguidores.
Al culminar, dejó una estela de incertidumbre y preguntas. ¿Es sustentable rehacer una nación como El Salvador?; ¿El socialismo de Chávez o el de Lula?. En silencio quizás muchos se las respondieron a su conveniencia, mientras en un gran auto negro iba rumbo a cumplir compromisos para luego asistir a lo que denominó una "toma de posesión popular", propio de los nuevos líderes izquierdistas.