domingo, 9 de mayo de 2010

Luis tiene 10 años sin llenar el vacío que le dejó su mamá

Su tío la asesinó cuando ella intentaba evitar que el niño, de 5 años, fuese violado una vez más.




Francisco A. Briceño J.



Valencia, mayo 9 de 2010.- Luis sólo recuerda de su madre los paseos a un pequeño parque al que lo llevaba cuando tenía algo de tiempo libre, apenas la tuvo a su lado durante sus primeros cinco años de vida. La hora de muerte fue adelantada por el hermano de la progenitora. Ella intentaba evitar que éste, violara al niño de 5 años de edad, una vez más.


Mariana tenía sólo 33 años de edad. Era una mujer humilde del sur de Valencia, y una madre ejemplar. Vivía junto a su hijo que apenas cumplía medía década de vida en una habitación que pagaba con lo poco que ganaba de hacer el aseo en casas de familia.
“Eso ocurrió varias veces sin que ella se diera cuenta”, afirma el joven que hoy tiene 15 años de edad, al hacer referencia a las veces en que era violado por su propio tío, aprovechando que Mariana se iba a trabajar. Una mañana la rutina fue diferente. Se fue y al poco tiempo volvió, al entrar encontró a su hermano desvistiendo a su hijo, entre gritos y forcejeos. El niño fue encerrado en un baño.


“Escuchaba todo y de repente hubo un silencio, esperé dentro del baño hasta que una vecina me sacó cubriéndome los ojos. No volví a ver a mi mamá”. El cadáver de Mariana quedó tendido en el piso, no tuvo tiempo de decirle adiós.


Vivió durante unos días con la vecina. Fue interrogado por un policía, funcionarios de la alcaldía de Valencia y terminó en un refugio en Caracas para niños que quedan sin hogar producto de la violencia familiar. Allí conoció a quienes se convirtieron en sus dos grandes aliados.


Una cicatriz en su pierna derecha es el triste recuerdo de uno de sus tantos intentos de escape del refugio junto a sus dos amigos. Intentaban huir de más abusos sexuales de los que eran víctimas por parte de uno de los trabajadores del lugar. “Siempre nos agarraban porque con mis 5 años no corría tan rápido como ellos, y nunca me quisieron dejar”, comenta entre lágrimas Luis.


Durante dos años, ese fué el día a día. Luego una familia quería adoptar a uno de ellos. “Mis amigos me pidieron que fuese yo, porque querían que no sufriera más”, afirma Luis. Comenzó una nueva vida. Ahora vive junto a su nuevo núcleo familiar, aunque no quiere seguir allí. “Me dicen te quiero de vez en cuando, pero siento que no es del corazón”


La suerte de sus dos compañeros de refugio fue mejor. Sus familias adoptivas los llevaron a España y Panamá respectivamente. Uno de ellos está por casarse. Mantienen contacto frecuente por internet. Entre los tres podrían escribir un libro de historias, "aunque serían más las tristes que las alegres", advierte Luis.



Entre las tantas anécdotas que contaba a quien suscribe, en medio de una fría tarde en un parque al norte de la ciudad, narra algunas que dejan ver conductas poco habituales para un adolescente de su edad. Una de ellas fue permanecer en silencio durante tres meses. “Me dejaban inasistente en clases sólo porque no decía presente”.


Entre los peores momentos que ha vivido junto a su actual familia, cuenta cuando su madre adoptiva le gritó “ojalá te hubiese dejado allá en el refugio”. Esas palabras hoy son recuerdos que aún lo hacen llorar en silencio.


En su cara se nota tristeza, sus ojos medio achinados dejan salir, casi durante toda la entrevista, lágrimas que recorren su tez de color oscura. “No soy negro soy blanco, sólo que el sol me tiene así de bronceado” refuta luego de levantar las mangas de su franela verde para mostrar sus brazos realmente blancos.






¿Qué recuerdas de tu madre?


(Poco más de dos minutos de silencio y algunas lágrimas) – Cuando me llevaba al parque, es lo poco que puedo recordar -.


No fuiste a su velorio ni su entierro porque tenías 5 años de edad, pero ya han pasado 10 años desde aquel día, ¿por qué no la has ido a visitar al cementerio?.


- Se que está en el cementerio municipal pero no sé dónde exactamente, y creo que no me siento preparado para ir-.


Sí hoy tuvieras la oportunidad de hablarle a tu madre, ¿qué le dirías?.

(De nuevo tres minutos en silencio, derrama lágrimas, responde con voz quebrada) – Que la quiero mucho, que la extraño. No es fácil. A veces me pongo a pensar cómo serían las cosas si ella aún estuviera aquí –


¿Tienes algún otro familiar de sangre?

- Mi hermana que tiene 22 años, vive en Panamá, la contacté por Facebook. Ella de pequeña
se fue con una familia adoptiva por cuestiones económicas y ahora está casada y vive allá-.


¿Por qué no te vas a vivir con ella?


-Ella me lo ha dicho, siempre me llama, pero no quiero irme con ella, porque nunca me buscó cuando me pasó todo, aunque sea para darme apoyo moral-.

Las aspiraciones de Luis ahora se centran en culminar sus estudios, ser profesional y formar su propia familia. Sobre su tío, el homicida de su madre, cree que está libre. “Lo vi hace poco en un centro comercial”. Más que sed de justicia, en su corazón guarda esperanza y deseos de volver a amar y sobre todo, de ser amado.

Los nombres de los protagonistas de esta historia han sido modificados para resguardar su integridad, sin embargo, los hechos se transcriben tal cual fueron narrados.

"EL DÍA DE LAS MADRES DEJÓ DE SER UN DOMINGO BONITO"

Esposas de los comisarios Forero, Vivas y Simonovis pasarán este día en la Disip


Francisco A. Briceño J.

Valencia, mayo 9 (2009).-
Una sentencia de 30 años cambió el Día de las Madres para Yajaira, María Del Pilar e Yvonne, tres mujeres que este domingo no tendrán la habitual parrillada que sus esposos Lázaro Forero, Iván Simonovis y Henry Vivas, solían hacerles en casa.

Sus rutinas, este quinto Día de las Madres con sus cónyuges tras las rejas, será la misma que mantienen desde hace cuatro años, empezarán a las 11:00 de la mañana en la Disip, en Caracas.

A María Del Pilar Pertiñes, o Bony, como usualmente la conocen, le toca por ejemplo, almorzar junto a sus dos hijos de 16 y 12 años, y su esposo Iván Simonovis, frente a un baño.

Es allí donde se encuentra todos los jueves y domingos con Yajaira Castro, quien almorzará con algunos de sus 7 hijos y su esposo Lázaro Forero y con Yvonne Espinoza que compartirá mesa con Henry Vivas y el fruto de 32 años de matrimonio: un varón de 17 años y una dama de 29.



Yajaira aún recuerda su último Día de las Madres con “Fore”, como le dice a Lázaro Forero, en casa. “Se organizó con todos sus cuñados e hijos, hicieron una parrilla y no nos dejaban hacer nada”, comenta.


Lázaro siempre estuvo pendiente de que sus 7 hijos le tuvieran un regalo o sorpresa ese día, que se complementaba con un habitual ramo de rosas. “Todo eso hace mucha falta”.


“El domingo tengo que irlo a visitar y es muy duro porque ahora nos vemos enfrentados a esa condena de 30 años”, asegura Yajaira. “Lázaro me dijo: si quieres no vengas y pásalo con tu mamá. Pero me hace mucha falta verlo, y uno sabe que ellos siempre se alegran cuando te ven”.

Si de algo está convencida, es que este “ya no es un domingo bonito como antes. Toda esa emoción se perdió”.
Los recuerdos de Yvonne, esposa de Henry Vivas también se remontan a aquella parrilla que hasta hace 4 años atrás hacían en casa. Henry invitaba a todos sus hermanos y su mamá. “Compartíamos, era muy especial”.



Desde que Henry Vivas está detenido, el regalo para su madre es el mismo cada domingo. Una llamada que le permiten en la Disip para seguir diciéndole que está bien y continúa en un curso en el exterior. Su progenitora no sabe de esta situación, para evitar mayores complicaciones de salud.

El año pasado la rutina fue similar. Yvonne lo sorprendió con una comida especial, y él la recibió con una tarjeta y una caja de chocolates que pudo adquirir a través de algunos amigos.

Se siente orgullosa de ser la madre de los hijos de Henry Vivas y por ello la rabia que sintió cuando años atrás, el varón de 17 años fue agredido en una marcha por funcionarios de la Policía Metropolitana, cuerpo policial en el que Vivas estuvo por 30 años. “Fueron los mismos policías que lo vieron crecer”. Representa uno de sus momentos más duros como madre.

Para Bony, este mismo día, cuatro años atrás, era un momento de alegría y compartir. “Iván siempre ha sido muy cariñoso con mi mamá, y ella lo siente como su hijo”.

María del Pilar cuenta que ahora está segura de que cuando ese momento de celebrar en familia vuelva a darse, “nosotros lo vamos a valorar más, porque es allí donde te das cuenta que todos esos pequeños detalles son los que hacen grande a una familia”.

Iván les pidió que no lo fueran a visitar. “Quiere que la pase con mi mamá, mis hermanas, sobrinos e hijos, pero yo no estoy de acuerdo”.

Su orgullo como madre se fortalece día a día con el esfuerzo que hacen sus dos hijos. Ambos están en el cuadro de honor de su colegio. “Sé que lo hacen por su convicción de ser mejores venezolanos y para que su papá y yo estemos tranquilos y orgullosos de ellos”.

El momento más difícil que como madre ha enfrentado, fue cuando su hijo intentó entrar a la Disip a visitar a su papá con una franela de Iván y un funcionario de la policía política que portaba una de Ernesto “Che” Guevara se lo impidió.
“No tener una explicación ante una injusticia tan grande y tener que decirle que se la quite, porque lo importante es ver a su papá en ese momento, es difícil”.

El regalo ideal

Para Yajaira de Forero el mejor obsequio es sin duda, “tener a mis hijos con salud y la sonrisa que ellos me den, que sigan siendo dedicados a sus estudios y con un corazón y sentimientos muy nobles hacia su padre”.

Yvonne de Vivas espera como siempre, una sorpresa. “El año pasado mi hija me dio una cartera y mi hijo una camisa”.
Bony de Simonovis está segura de que el mejor regalo “es que sigan siendo como son y que sigan a mi lado. Ellos saben cuando estoy sufriendo y no me hacen preguntas, se callan y me dan un beso, y ese es el mejor regalo”.


Deseo de madres

El deseo en común de las tres madres es ver en libertad a sus esposos este domingo.

“Todos los días le pido a mi Dios que me permita compartir estas fechas tan importantes de nuevo en casa”, señaló Yvonne.

Bony añora que “este sea el último Día de las Madres que vamos a pasar detrás de las rejas”.

“Aunque yo se que no va a ser así, mi deseo más grande sería que mi esposo salga en libertad; que Dios me le de salud y pueda resistir este momento tan duro y tan difícil”, puntualizó Yajaira.