
Cada vez que en este país, al grito de "Patria Socialismo o Muerte", se le pide a un venezolano que crea a ciegas en la revolución bolivariana "aunque pasen hambre, anden desnudos y no tengan para comer", la ideología - aupada por el vigor y la emoción con la que se alza esa voz - se sobrepone por encima de la conciencia, y peor aún, encima del estómago.
Lo que el venezolano, chavista de a pie, ignora tras cada alocución presidencial, es que mientras se le habla de socialismo al pueblo, y se le engaña prometiendo que se reducirán los gastos suntuosos, detrás de aquella gran tarima que costó miles de bolívares fuertes, espera siempre un equipo de escoltas que cobran varios miles de bolívares fuertes más, y lujosas camionetas blindas - a las que la inseguridad no toca, no ve, no ataca - que por supuesto, también cuestan otros cuantos miles de bolívares fuertes.
A diario, un buque cargado de petróleo parte hacia Cuba. No se cancela nada por esto. Tal y como se envió un buque de asfalto para la carretera hacia el mar de Bolivia, un país que no tiene costas ni para recibir aquel buque.
En el caso de la nación con 50 años de dicadura, se recibe a cambio médicos cubanos y apoyo en clases para las misiones Robinson, Ribas y Sucre. Cambiamos petróleo por médicos, cuando el desempleo agovia a los profesionales de la medicina en Venezuela, y cambiamos petróleo por cintas de VHS atrasadas en materia educativa.
El país exige que se deje de nacionalizar industrias, como Cerámicas Carabobo, estatizada la noche de este jueves, y que se garantice la propiedad privada. Que se resuelvan los problemas de vialidad, inseguridad, transporte y servicios básicos.
Este país exige viviendas, y lo exige en sus conciencias, en silencio, tras cada marcha, tras cada concentración oficial y opositora, siempre hay un reencuentro espiritual entre el alma y la mente, en la noche cuando no hay nada que comer en esa nevera del rancho improvisado en una invasión. Que se deje de malgastar el dinero que por gracia de Dios, nos toca como venezolanos por haber nacido en esta tierra, pero que se haga, y no que sólo se anuncie.
A este país se le prometió su cuota petrolera, y de haber hecho caso a esa promesa, las colas aún estarían en las afueras del Banco Industrial de Venezuela para abrir la cuenta donde se depositaría el motno que a cada uno corresponde. Pero la viveza del venezolano estuvo esta vez por encima de la ingenuidad, pero ambas bajo la sombra del silencio que no reclama.
Este país que votó por Hugo Chávez en 1998 y en 2006 pide a gritos que se cumpla con cada promesa y que realmente el petróleo sea de todos y no sólo de un grupo que lejos de administrar los recursos, los continúa gastando, en medio de advertencias presidenciales que parecen realmente de caricatura.